Archivo por meses: junio 2014

AMANECER

AMANECER
Irene

Irene Francisca Baños Gómez.
Miembro Asociación Aragonesa de Escritores.
Zaragoza 05-03- 2014

Amanecía, y el sol no sabía cuál era la fuerza que le impulsaba a cumplir todos los días de su existencia, semejante ritual; a su vez, en aquellos momentos mágicos, niños nacían, enfermos sufrían, y otros tantos fallecían, y tampoco sabían, mas… era un proceso de vida, y muerte, en fin… vida.

“ELLA”, sí que lo sabía, y en este amanecer, su sietemesino del alma, nacía, y… reía pletórica de alegría, sintiendo que a sus pies el Universo se rendía.

En otro lugar, alguien no entendía como amanecía, si acababa de perder lo que más quería, y la osadía de aquel sol la ofendía.

Irene Francisca Baños Gómez.

LOS CIMIENTOS DE UN BUEN ARQUITECTO

LOS CIMIENTOS DE UN BUEN ARQUITECTOIrene

Irene Francisca Baños Gómez.
Miembro Asociación Aragonesa de Escritores.
Zaragoza 26 de Noviembre 2013.

Toni, hasta los quince años, había convivido con su abuela paterna Mercedes.

Un día, y de manera repentina, su madre le comunicaba acaloradamente, y a gritos, que volvía a casa con sus padres. Justificaba dicha decisión, aludiendo lo mal educado que estaba, y un sinfín de tropelías…

A partir de entonces, la vida del jovencito, sufrió un cambio drástico y contraproducente.

Estaba siempre sólo, ya que sus padres se ausentaban por sus ocupaciones respectivas, y según el criterio de ambos, su hijo era lo suficiente mayor para valerse por sí mismo.

Toni, en cuanto tenía ocasión, escapaba a ver a su abuela, y en esas incursiones, intentaba averiguar el porqué de la situación. La respuesta que recibía, era siempre la misma. Su abuela, con una gran sonrisa le decía: obedece a tus padres y no olvides lo mucho que te quiero.

Iban pasando los meses, y Toni estaba triste, no conseguía centrarse en los estudios. Echaba mucho de menos a su abuela Mercedes.

Recordaba con gran cariño, los cuentos e historias familiares que le relataba cuando era pequeño, y que hasta los comentarios más insignificantes, a Toni le parecían divertidos. En realidad su abuela era una buena comunicadora, pertenecía a ése grupo de personas que cuando no están, crean un gran vacío. Por otra parte, con su elocuencia, conseguía que su nietecito se evadiera de cargas, y responsabilidades, que también los niños llévan en ésta vida.

Nuestro protagonista, al lado de su abuela, sentía que el mundo funcionaba bien.

Y… seguía rememorando, el aroma de sus bizcochos de mantequilla, el orden y la limpieza de la casa, creando ese ambiente tan agradable, que se consigue cuando hay
pulcritud en el entorno, y sobre todo su carácter pacífico y reconciliador. ¡Cuán diferencia a su madre!, que siempre demostraba, descontento y amargura, mientras su padre se refugiaba en el trabajo, para huir de aquella mujer, que no lograba hacerla feliz.

Nuestro adolescente, pensaba y reflexionaba sobre su amigo David, y un comentario que había hecho, refiriéndose a sus padres: ¡oye!: ¿ qué le pasa a tu madre?”…”
¡ nó quiere a tu padre!. Da la sensación de que le importa un bledo.

Gracias a su abuela, con el tiempo, Toni fue entendiendo muchas cosas, como: la plenitud que siente el ser humano, cuando encuentra su gran amor, ayudado por la fuerza del destino, poderse plantear que existen mundos paralelos, respetar el poder de la mente, que lo que es fácil de hacer, es fácil de romper, que nada es lo que parece, lo conveniente de separar el mundo de los niños, del de los mayores, para no robarles la infancia.

Resumiendo: en todos estos pensamientos, se encontraba la filosofía de Pamela Lyndon Travers, creadora de la famosa niñera de ficción Mary Poppins, y que tantos domingos, había visto esta película con su abuela, en la que se resaltaba, entre muchos valores, la fuerza de la palabra, el trato cariñoso hacia los animales, y el respeto a la naturaleza, ya que todos estamos conectados, y de esta forma podemos entender la UNIDAD.

Con la sabiduría y cariño de su abuela, Toni consiguió unos cimientos sólidos en los que con el tiempo, le permitieron capear y entender mejor ésta vida, y lo más importante ser PERSONA.

De una manera casual, y como tantas veces ocurre a lo largo de nuestra existencia, pasaba Toni, por delante de la puerta del dormitorio de sus padres, oyendo a su padre con la voz rota sollozar, mientras que su madre lo llamaba, “cobarde” y “calzonazos”, a su vez, su padre le respondía suplicante: “por favor, no puedo más”…¿ no comprendes que es mi madre?… Toni entendió, que se refería a su abuela Mercedes. Su madre continuaba diciendo: “A ver… ¿por qué no quiere vender la casa?… podría venir a vivir con nosotros, y ese dinero sería una inyección importante, para nuestra economía”.
Su padre le respondía: “ No me vas a convencer, porque tú, realmente, a mi madre no la soportas, y tardarías un respiro en ingresarla en una Residencia”.

Mercedes sabía perfectamente las intenciones de su nuera, y por supuesto tenía muy claro, que mientras pudiera donde mejor se encontraba era en su casa.

El resultado a corto plazo de éste conflicto, fue el fracaso escolar de Toni, en aquel Curso, y ante la irascibilidad que demostraba hacia sus padres, terminó en el psicólogo.

Cuando Toni cumplió los dieciocho años, de una manera irrefutable, decidió regresar con su abuela. La inmensa alegría que Mercedes sintió, al poder volver a vivir con su nieto, fue inenarrable.

Pasaron los años, y Toni se convirtió en un prestigioso y reconocido arquitecto, y cuidó de su abuela hasta el final. También hay que decir, que no le costó ningún esfuerzo, porque cuando las cosas se hacen con amor, son una delicia.

Siempre la tuvo dentro de su corazón, y mucho habló de ella a sus hijos, definiéndola, como una mujer de apariencia frágil, y que había conseguido una gran sapiencia a través del AMOR AL TODO.

(Basado en un hecho real.)

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LA SIRENITA

LA SIRENITA

Irene

Irene Francisca Baños Gómez.
Miembro Asociación Aragonesa de Escritores.
Gijón 19 de Mayo de 1.984

(1ª. Parte)

La Sirenita del Mediterráneo, sola en el universo, ignorando la existencia de cualquier tipo de amor, era feliz.

Las aguas templadas y apacibles en la mayoría de los días del año, le servían de caricias y calor; más cuando su cuna maternal se enfadaba, picando sus aguas de blancos borreguitos, ella, jugaba, reía, saltándolas con su cola verde esmeralda. Y siendo advertida por su madre la mar, ante aquella temeridad, la fémina, mitad cuerpo adolescente y parte inferior pez, se cobijaba en su gruta rocosa de Calef.

La noche llegaba con gran fortuna, mientras marchaba el Gran Dios Sol, que le daba calor , permitiéndola vivir; e iban apareciendo las portentosas estrellas sus Diosas. Venus iluminada por el astro bienhechor de su planeta, le sonreía, dejándola entrever innumerables deseos; y acompañando a todos los demás soles, su sueño eterno, mientras flotaba en el agua con sus ojos fijos en el firmamento.

Una noche, en el transcurso de una fuerte tempestad, la sirenita fue azotada contra los acantilados, quedando sin sentido, y arrastrada por las corrientes marinas, que la llevaron a un mar lejano, donde durante el día el Dios Sol no aparecía; y llegaba la noche pero las Diosas no se veían.

Fue entonces cuando la sirenita conoció lo que era en verdad carecer de calor, cobijo y sosiego. Las aguas eran frías, con enormes olas, cargadas de arena, que dañaban sus delicadas pieles; una blanca, fina, la otra aunque llenas de escamas, sensible a tanta rudeza. Ante aquel mundo de tinieblas, se vio obligada a invocar al Gran Neptuno, para que en ella se produjera una rápida metamorfosis, y poder sobrevivir.

Una noche tenebrosa en la que el viento rugía amenazante, y las olas descargaban su energía furiosa, contra los oscuros acantilados, fue cuando en una cueva siniestra sumergida bajo el mar, apareció un enorme pulpo; fuerte, poderoso, dotado de grandes tentáculos, con ojos astutos que observaban con gran valor aquel hostil lugar.

Entre las tinieblas de la noche, se dejaron entrever los rayos de la Luna, que al reflejarse en las aguas, proyectaban un trasluz, en el cual se adivinaba la sombra fantasmal del gran cefalópodo.

GRACIELA Y LA MAGIA DE LA NAVIDAD

GRACIELA Y LA MAGIA DE LA NAVIDADIrene

Irene Francisca Baños Gómez.
Miembro Asociación Aragonesa de Escritores.
Zaragoza 29.12.2013

Desde niña Graciela, amaba La Navidad, imaginaba, que llegaban al planeta Tierra Ángeles y Hadas, con túnicas blancas, bordadas en oro y plata, siendo portadores de: “Albricias”. Y otra vez… villancicos, vacaciones, turrones, regalos, batallas de bolas de nieve, con sus hermanos, y una magia que lo envolvía todo, hasta el calorcito de su casa, en contraste con el frío exterior, le hacía sentirse muy afortunada en Navidad.

Había pasado mucho tiempo, Graciela, era ya una anciana de 97 años. Sentada en su sillón, esperaba a Carmen, la señora que se encargaba de cuidarla, mientras nuestra nonagenaria, se sumergía en una especie, de túnel del tiempo, y repasaba su vida.

Recordaba sobre todo a su madre, con que ternura y paciencia, les enseñaba a montar el Belén. ¡Cómo olvidar aquellos ojos de su padre de mirada penetrante, brillantes por las lágrimas contenidas de emoción ante la felicidad que sentía en aquel ambiente familiar, del cual él había carecido en su niñez.

Graciela percibía esa energía maravillosa, y al hablar con su progenitor, se oía así misma, con voz temblorosa, que intentaba dominar, sin conseguirlo, porque, lo que decía, le salía del corazón.

De repente Graciela, medio adormecida, volvió al presente. Ayudada por una voz, a través de la radio, que casualmente, cantaba uno de sus textos preferidos… ¡Gracias a la vida, que me ha dado tanto!..

Con una lucidez inusual para su edad, dirigió su mirada al Portal de Belén que tenía en frente, y con voz de niña, “Alma Intemporal”, se puso a hablar con La Sagrada Familia, diciéndoles… se han ido todos, hasta mi gran amor, mi compañero…

Mientras les hablaba, veía en La Virgen María, a su madre buena. en S. José, a su padre callado, observador, y en la grandiosidad, del milagroso nacimiento, del inocente niño Jesús, a, Su Salvador que le sonreí, invitándole al “viaje” que iba a realizar. Simultáneamente, aparecieron Ángeles y Hadas de La Navidad, sintiendo que estaba siendo transportada a otra dimensión, donde no le iban a cuestionar, la esencia del AMOR.

Se fue cantando bajito…

¡ Gracias a la vida, que me ha dado tanto… ! (Violeta Parra).

 

YAYO PELAYO

YAYO PELAYO

Irene

Irene Francisca Baños Gómez.
Miembro Asociación Aragonesa de Escritores.
Zaragoza 10.11.2013

Pelayo era un yayo muy majo, estaba lleno de vitalidad y con unas capacidades intelectuales y físicas óptimas. Iba por su ciudad en bicicleta, ocupado en aficiones altruistas, en las que se involucraba en cuerpo y alma.

Siempre había sido así, responsable, trabajador nato, competitivo, resumiendo: ¡un campeón!

Llevaba años separado, sintiéndose castigado psicológicamente, por una parte importante de su familia.

Él sabía con certeza, que esta situación incomprensible, era por motivos económicos, y que detrás, estaba la sombra oscura y enfermiza de la venganza.

La parte debil de esta vivencia eran sus nietos, ¿cómo era posible que desconocieran la existencia de su yayo? Sus mayores habían decido por ellos, y por más que Pelayo luchara para verlos, de igual manera se le prohibía y obstaculizaba cualquier intento por la parte filial.

Pelayo no podía evitar querer a todos, esperando que se arreglara la situación. Mas… ¿quién les devolvería el tiempo robado a esos niños y a su yayo?.

A nuestro protagonista, le constaba que existía otro tipo de abuso hacía los abuelos, y era hacerles ejercer de padres con sus nietos, estos yayos unas veces eran conscientes de su papel, otras por supuesto, no.

Era cierto y así lo entendía Pelayo, que el amor tan grande que se siente por los hijos y nietos, hace llevar todas estas experiencias, con resignación y muchas veces con autoengaño.

Por otra parte, Pelayo conocía otros casos de amigos, que afortunadamente sus hijos poseían, lo que todos entendemos por «inteligencia emocional» y no sólo, querían a sus progenitores e hijos, sino que también sabían quererlos.

Queridos lectores, nuestro yayo tenía una gran capacidad, para ejercer la empatía, y en sus reflexiones, pensaba: ¡Este mundo no es perfecto, nunca lo ha sido! ¡Pobres madres! , con sus sentimientos de culpabilidad, al no poder estar con sus hijos el tiempo que desearían. Y así, pensaba en la carrera importante, del ser humano por la supervivencia.

Pelayo podía entender, pero nunca compartir ciertas actuaciones, en la vida de individuos-as que solo sabían hacer sufrir, a los más débiles de la sociedad, niños, ancianos…

Las preguntas de este asunto que tratamos en este relato, son las siguientes: ¿Despertarán las conciencias de estos adultos, responsables de ciertas actuaciones inhumanas, cuando los yayos Pelayos se hayan «ido» a ese lugar, donde nadie vuelve? ¿O sus conciencias eran «verdes» y se las comió un burrito?

Irene Francisca Baños Gómez.

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