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NUESTRA ETERNIDAD

 

Irene Francisca Baños Gómez.
Miembro Asociación Aragonesa de Escritores.
Zaragoza, 14 de Febrero del 2.014
Una Colaboración de la Autora, en Radio Ebro,
“Estudio Abierto” de Mayte Salvador.
“Tertulia Sénior”.

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NUESTRA ETERNIDAD

Todo gira,

todo baila, ríe, llora, sufre.

Los artistas que crean.

Los espectadores que admiran.

En el momento del adiós, todo el teatro se convierte en una mentira.

El gran abrazo de paz, se encuentra en la nada, y la luz en la obscuridad.

No estemos tristes, son conceptos humanos, que en nuestra eternidad no existen.

DETENER ESTE INSTANTE

 

Irene

Irene Francisca Baños Gómez.
Miembro Asociación Aragonesa de Escritores.
Zaragoza, 21 de Junio del 2.014

Aquel día de primavera ¡era tan hermoso! Con su cielo azul nítido, una brisa envolvente perfumada por el aroma de las flores, y un inesperado silencio que transmitía… ¡tanta paz!

Como solía ser habitual, estaba Samuel sentado en un banco, mientras acariciaba a su perrito Toby.

El anciano, conforme se fue haciendo mayor, cada vez era más consciente, de aquel sentimiento tan extraño de admiración, y a su vez doloroso, ante los instantes en que la naturaleza, se mostraba con todo su esplendor y belleza, y no digamos, cuando observaba a una mujer hermosa. ¡Cómo hubiese querido detener esos momentos!
Con sus noventa y siete años, y a pesar de sus limitaciones, amaba la vida.
Samuel estaba intranquilo, pensando en la llegada del verano, le constaba que en periodo vacacional, él y Toby, suponían un problema.

Los cuatro últimos años lo llevaban a una residencia de ancianos, y, a su perrito, a… “otra canina”. Nuestro anciano sufría por doble partida, por un lado la sensación de abandono, y otra de angustia, por verse separado de Toby. El can, había cumplido quince años, y Samuel lo veía cada vez más lento, canoso, y que con los ojos, le parecía que le hablaba, diciéndole: estamos a su merced.
El viejecito, comprendía y compartía dicha decisión, ya que con sus despistes, falta de orientación, lentitud extrema al andar, su pañal, pastillas, y un etcétera, ¿A dónde, iba a ir?
La tristeza era grande, en la separación de Samuel y Toby, a su vez, la alegría inmensa, y desbordante cuando se reencontraban.
Aquel año, sus cansados corazones no resistieron tanta emoción, y al volverse a ver, empezaron ambos, a sentir casualmente, y al unísono, un cansancio extremo, con dolor en el pecho, e inclinando su cerviz, recibieron a la buena muerte.