Archivo por meses: octubre 2014

LA ENVIDIA

Irene Francisca Baños Gómez.

Miembro Asociación Aragonesa de Escritores.

Zaragoza 15-09-2014

Irene

«LA ENVIDIA»

¡ Qué palabra inquietante ¡ envidia.

Si la analizamos, nos daremos cuenta que este sentimiento negativo se puede convertir en positivo. ¿ Como ?

Lo que envidiamos en el fondo lo deseamos para nosotros, y al no poder conseguirlo, se tiende a destruirlo.

¡Por favor!  convirtamos la envidia en admiración, sin olvidar que nada es lo que parece, y si pudiéramos saber la verdad de lo envidiado, lo más posible es que no lo deseáramos.

 

 

Irene Francisca Baños Gómez.

LA MANO ZURDA

Irene Francisca Baños Gómez.
Miembro Asociación Aragonesa de Escritores.
Gijón 19-10-1982

Irene

«LA MANO ZURDA»

Por nacer de izquierda

fuertes golpes se llevan,

haciéndote vivir con la creencia,

que tu izquierda es insuficiencia.

 

Come y escribe con la izquierda,

a escondidas, con cuidado, no te vean;

en la escuela el de izquierda palo lleva,

y en casa come, que el servilletazo te espera.

 

De insuficiencia, ambidiestro se llega,

¡ caray ¡, por nacer zurda.

 

Parece que… ¡ por fin es de derecha !

aunque, al volver la cara la maestra,

la mano protagonista sea la izquierda,

y en su intimidad coja una tijera

que nunca fue diestra,

y corte con orgullo toda la pobreza,

que tantos años le dio su derecha.

 

Irene Francisca Baños Gómez.

LOS BUENOS MODALES

Irene Francisca Baños Gómez.
Miembro Asociación Aragonesa de Escritores.
Zaragoza,  23-07-2014

Irene

«LOS BUENOS MODALES»

Daba igual como lo llamasen, unas veces Jose, otras José, y hasta en plan “borde”, Joselillo. Lo que sí que le importaba era el tono, y sabía perfectamente cuando había autenticidad, al oír esa palabra tan usada, y abusada de “cariño”.

Le constaba, que él no era como la mayoría de sus compañeros, mas eso no quería decir que careciera de una sensibilidad para valorar e incluso agradecer, un trato cordial, cariñoso y, sincero.

¡Qu tristeza le producía, al observar cuando lo trataban con pena! De ésta forma le confirmaban, lo que tanto le dolía, su discapacidad mental, que a su vez el traducía, en que era tonto.

La contradicción de estos comportamientos hacia José, era que si se dirigían a su persona, con dureza, y mala educación, conseguían despertar en su interior una rabia incontrolable y, no digamos si se burlaban. Le dejaban dos alternativas, ser el payaso de la clase, siguiéndoles la corriente o, aislarse.

A este jovencito de catorce años le costaba mucho aprender, principalmente por la falta de concentración a la hora de escuchar. Era muy habitual, que cuando intentaba prestar atención, empezara a sentir una especie de pesadez en la frente, con la sensación de cansancio y somnolencia, quedándose en un estado de absoluta ausencia.

Sus padres le hacían saber a José, el deseo de que se integrara como uno más, y él lo fue intentando, a pesar de sus circunstancias, y de lo difícil que significaba la lucha del día a día.

Para este chico, las cosas hubieran sido más fáciles, de una manera significativa, si el trato hacia él, en esta nuestra sociedad, se hubiese limitado de una manera educada, con buenos modales, sin olvidar la “justa” disciplina, amabilidad, tono de voz moderado, comprensión, bondad, paciencia, resumiendo: AMOR.

Él sabía, que su coeficiente intelectual era muy bajo. ¿Esto les daba derecho a algunos individuos-as, a reírse del muchacho?

Lo sorprendente para José, fue ver como a una compañera de clase, considerada  superdotada, a la que admiraba, y quería, la acosaban constantemente.

Cuando José tenía cuatro añitos, durante dos cursos asistió a un colegio de alumnos discapacitados como él. Observando sus padres que su hijo no avanzaba, e incluso acusaba cierta tristeza por el ambiente comprensible, y normal en niños con estas anomalías,  decidieron educarle en un colegio mixto.

En casa estaba bien, sintiéndose comprendido y amado. ¡Cuántas veces se vio a sí mismo riéndose sin saber por qué! La realidad consistía, en que si en su entorno había felicidad, él era feliz, y viceversa.

Con el paso del tiempo, nuestro protagonista, fue integrándose paulatinamente en esta sociedad, tan difícil para todos.

Aprendió el oficio de encuadernador, especializándose en copias de libros antiguos.

Sus padres fallecieron dejándole unas pautas a seguir que nunca olvidaría, y eran las siguientes: no esperar agradar a todos, alejarse de las malas compañías, tener buen talante, y antes de enfadarse, pensárselo dos veces, ya que en esta situación la mejor palabra es la omitida.

José tenía un “secreto”, y como tal no lo había compartido con nadie.  Recordaba, que al entrar en aquel estado de ausencia relatado anteriormente, se veía viajando a un lugar hermosísimo, lleno de diversas flores perfumadas, riachuelos cantarines, montañas deslumbrantes de piedras preciosas, y todo tipo de animalitos conviviendo en armonía.  Y entonces ocurría algo que le llenaba de paz y amor. Era la presencia de un hombre, con ojos llenos de luz y mansedumbre, que le abrazaba a la vez que le decía: ¡Cuánto te quiero! y que valioso eres en el engranaje que formas en esta cadena humana, de tu experiencia en el planeta Tierra.

José no quiso nunca compartir dicha vivencia inusual. Intuía, que podía ser atribuida a su deficiencia mental.

 

Irene Francisca Baños Gómez.