Archivo por meses: noviembre 2014

SENTIMIENTOS

Irene Francisca Baños Gómez
Miembro Asociación Aragonesa de Escritores Zaragoza
15-09-2014

Irene

ALEGRÍA: De estar vivos.
TRISTEZA: Por el dolor en el mundo.
PAZ: En lo más profundo de nosotros mismos.
ESPERANZA: Por lo que no sabemos, y lo mucho que podemos imaginar.
COMPRENSIÓN: Por nuestros semejantes, ya que todos llevamos una cruz.
MIEDO: Al enemigo del amor.
ILUSIÓN: Por Fe, que aún sin saber a donde vamos, sentimos que unos brazos gigantes nos sostienen hasta el final.

Tertulia Senior de Radio Ebro. Martes, 18 de Noviembre de 2014

EL PRINCIPE DE LAS TINIEBLAS

EL PRINCIPE DE LAS TINIEBLAS

Irene

 

Seudónimo: Solekim Sol.

   Yohual, era un chico triste por naturaleza, le costaba mucho reír, le molestaban en sobremanera las bromas, y la alegría de los demás, con esta susceptibilidad llegaba a considerar estas manifestaciones tan positivas como un insulto hacia su persona.

   Su madre, estuvo muy preocupada cuando él apenas era un bebé, esperando que le regalara una tierna sonrisa y mientras lo llenaba de mimos, carantoñas, y arrumacos, el niño le respondía con una mirada cargada de dureza y rostro de adulto enfadado.

   A estas características intrínsecas de su personalidad hubo que añadir la experiencia nefasta que tuvo Yohual con apenas seis años, ya qu, alguien se encarg, de robarle la inocencia y desde entonces para él la vida fue gris y turbulenta, como el mar cuando se enfada arrasando todo a su paso.

   Yohual, se acostumbró a estar sólo y empezó a interesarse primero, por lecturas que trataban de seres que habitaban en otros planos, y más tarde en prácticas satánicas.  Igual que una esponja absorbe los líquidos, Yohual fue atrayendo hacia sí energías malignas deseosas de aniquilar al muchacho.

   En un estado de frialdad, pasotismo, curiosidad, y sobre todo el deseo de vengarse del mundo, y aún lleno de escepticismo, empezó a experimentar consigo mism, varias técnicas para atraer a este nuestro mundo, toda clase de presencias obscuras y perversas.

   Muchas prácticas hizo a lo largo de un año encerrado en su habitación, y como un juego que le atraía enormemente, Yohual, a sus veinte años, no fue consciente del abismo  tan terrorífico en el cual  él, solito se estaba precipitando.

   Nuestro protagonista, iba con esta experiencia como el rayo en el mar, no importaba lo enfadado que estuviera, y lo grande que fuera su descarga. La inmensa energía, y grandeza del mar lo convertiría a nivel humano en la nada.

   Yohual, empezó a sentirse extraño en la noche mientras dormía, despertándose con la sensación de que alguien se acostaba a su lado, pudiendo aprecia, de una manera muy sutil el hundimiento de su edredón.  Al principio le sorprendió, pensando lo especial que él era al ver los resultados de sus experimentos, aunque no terminara de creérselo.

   Despacio poco a poco… las visitas extrañas fueron siendo más significativas. Se movía mucho la cama, y el frío era congelador. Yohual, empezó a tener problemas para respirar por el fuerte olor característico que procedía del averno.

   Cada día que pasaba dormía peor, su aspecto físico y psíquico fue empeorando de una manera alarmante y Yohual, empezó a plantearse con cierto miedo y ansiedad, en que túnel largo y oscuro se había metido, sin sospechar que lo más terrible iba acontecer en breve tiempo, desencadenándose una serie de fenómenos imparables y terroríficos, protagonizados por un “ser” y sus “huestes”, que deseaban de una manera sádica, beber  su sangre y comer su cuerpo.

   Aquella noche de Todos Los Santos, como cada  año su madre le había elaborado la típica calabaza vacía, con una vela previamente introducida en su interior, en la cual se podía apreciar una luz tenue que salía por sus ojos y boca perfectamente trazados y llamando a la puerta del dormitorio de su hijo, se la entregaba con una gran sonrisa.

   Raquél su madre, pensaba que podía divertir e incluso distraer a su hijo con costumbres inocentes de toda la vida. Yohual, recibió la calabaza con un semblante maligno  y despreciativo,  mientras la colocaba en su mesita de noche, habiendo previamente cerrado con prontitud la puerta con sus dos cerrojos, como si el mal le fuera a venir del exterior, cuando en este caso, estaban las fuerzas diabólicas esperando el momento oportuno para salir y arrasar toda señal vital de aquel joven perdido en la oscuridad.

   En esa noche del mes de noviembre, el viento soplaba muy fuerte, se habían vaticinado los ciento diez kilómetros hora, esto hacia que el frío fuera helador, y con una luna nueva, la negrura que Yohual podía ver a través de su ventana, era como la boca de un lobo.

   Yohual se acostó, y a pesar de cierto miedo, sentía la curiosidad de lo que iba a acontecer, llevaba doce meses preparando vivir una experiencia de un tú a tú con el maligno. En el fondo no creía en nada, para él sólo existía una vida llena de contradicciones, en la cual, no obtenía respuestas convincentes ni justificaban la injusticia y maldad en el mundo.

   Su madre se permitió gastarle la broma de siempre, y que consistía en dar unos golpecitos suaves en la pared colindante de su hijo con la suya,  simulando con una voz ronca, la siguiente frase de rigor: “los muertos se filtran por las paredes”… Yohual ni se inmutó ante la habitual costumbre y esperó en silencio los acontecimientos que iban a suceder.

   El viento rugía, y esto disfrazaba los alaridos del diablo, y sus secuaces, mientras cabalgaban con caballos desbocados, atravesando esa dimensión apenas perceptible  para nosotros los humanos, del tiempo y el espacio, y que en su momento había abierto Yohual. El muchacho quiso saber la orientación de tal estruendo, y pudo comprobar que procedía del Sur. Miró la calabaza, y vio unos ojos ensangrentados que se movían a la vez que salían de los mismos unas arañas grandes y peludas.  Yohual empezó a gritar… ya nadie podía acudir en su ayuda, se había aislado del exterior con su música Heavy metal, a unos decibelios altos. Las repugnantes arácnidas, aprovecharon los terroríficos gritos del joven , para introducirse dentro de su boca, y de ésta forma acceder a su tórax. No eran venenosas, se deseaba conservar a la víctima con vida hasta el último momento, para que la tortura pudiera hacer disfrutar al máximo, a una bestia resbaladiza, verde oscura, maloliente, con una sonrisa malévola, y que enseñándole la dentadura amarilla y negruzca, se reía lentamente con voz chillona, metalizada, mientras apoyado en uno de los hombros del desgraciado chico le decía… ¡ Ahora viene lo mejor!  …los gritos del muchacho eran espantosos, la bestia continuó: ¡Tengo una lengua larga, la voy a introducir por tu nariz, y en pocos minutos te quedaras sin sangre, ya que Yo, me la voy a beber, mas… antes quiero que sientas el dolor inmenso cuando con mis zarpas arranque lentamente tu corazón, necesito de mis ayudantes ya que todo tiene que ser al unísono, no quiero perder ni una gota de tu líquido vital! Ja,Ja,Ja. ¿Conque no creías en mí’? provocándome … llamándome… con tus absurdas niñerías … cuánta fuerza me has dado, a través de tu ignorancia y atrevimiento! …

    La lengua entró por un lado de su nariz absorbiendo lentamente su sangre, las arañas le picaban los pulmones, y sintió  un dolor intensísimo en su pecho, mientras unas uñas largas, y afiladas, rasgaban su carne. Aquel ser maléfico, se disponía a devorar su corazón, y Yohual ante aquella agonía estudiada, horrorizado pensó de una manera muy rápida, tal, y como funciona la mente, ¡nadie me ha enseñado a rezar!, y, oyendo una voz que le susurraba: “ NO… ESTÁS…SÓLO” Yohual, se despidió del “príncipe de las tinieblas” con esta palabra: ABBÁÁÁÁÁÁ… y, de una manera que la voz se oyó con eco, rotunda, fuerte, descomunal, no parecía de este mundo, y menos de Yohual. Una luz blanca, azulada, se llevó su alma, mientras Satán lleno de soberbia,  ira, y  rabia , junto con sus lacayos  siguieron devorando su cuerpo.