Archivo por meses: julio 2015

MI VIEJECITO

 

IRENE FRANCISCA BAÑOS GÓMEZ
Miembro Asociación Aragonesa de Escritores.
ZARAGOZA, 12 de Julio del 2015.

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MI VIEJECIT0

Viejecito simpático y sonriente,
que al pasar por tu lado
me piropeabas, diciéndome
que te alegraba la vida con sólo verme.

También me decías
que era una joya.

Sentía vergüenza
y a la vez halago,
prosiguiendo mi camino
como si a mí, no te dirigieras.

Me acostumbré
a tus bonitas palabras,
sintiendo que tú, también
me alegrabas la vida.

Un día decidí hablarte,
y disfrutar de tu sonrisa.

En tus ojos pude observar la alegría
del jovencito conquistador.

Apoyado en tu bastón,
te balanceabas ligeramente
hacia delante,
lleno de ilusión.

Me contaste parte de tu vida,
y tras elogios y palabras preciosas,
un consejo me quisiste dar,
¡no permitas hermosa mía,
que nadie te ensucie la vida!.

Casualmente,
al día siguiente
no estabas.

Pocos días después,
me enteré
que aquella misma noche
del día que te hablé,
la muerte te había visitado
y se te había llevado.

Muy contentos
deben estar contigo,
en el otro lado.

Cuando te recuerdo,
siempre tengo presente
tu consejo,
viejecito de la esquina
de la calle Pradilla.

Pues es bien cierto
qué, hay personas
que ensucian la vida.

Una colaboración de la Autora en Radio Ebro.
“Estudio Abierto Tertulia Senior”.
Martes, 21 de Julio del 2015.

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EL FINAL

IRENE FRANCISCA BAÑOS GÓMEZ.
Miembro Asociación Aragonesa de Escritores.
ZARAGOZA,  1 de Junio del 2015.

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EL FINAL

Ana y Pablo, eran una pareja que estuvieron casados nada más y nada menos que sesenta y dos años. Como dijo Pablo en su momento: ¡Sobrepasamos el medio siglo!

Durante este tiempo, como no, habían tenido sus crisis, pero resistieron juntos todos los avatares de la vida, doblegándose el uno al otro con la misma comunión, que tienen los juncos con el viento. ¡Claro que discutían! les encantaba llevarse la contraria por sistema.

No obstante, los últimos veinte años, se encontraron más unidos que nunca y esto iba en aumento conforme los hijos se fueron independizando, y a su vez aparecieron los achaques normales de la edad, entendiendo lo mucho que se necesitaban.

Ana y Pablo, vivieron la Guerra Civil del treinta y seis, de este nuestro país, y con el paso del tiempo comprendieron que esta experiencia cruenta y funesta, además de robarles su adolescencia y juventud, los marcaría traumáticamente para el resto de sus vidas.

Esta entrañable pareja, se centró exclusivamente en formar una familia, criando a sus hijos con sacrificio, tenacidad y renuncia de si mismos, para que estos pudieran tener una buena formación, costeando sus Estudios Superiores en la Universidad.

Pablo, trabajó como mecánico desde los catorce años y al jubilarse, la pensión que le quedó fue descorazonadora, por no decir exigua.

Ana, se había dedicado como tantas mujeres de su época, “a sus labores”, estas consistían en: cuidar de su marido e hijos, lavando la ropa a mano, cosiendo, fregando de rodillas, planchando con aquellas antiguas planchas que no eran precisamente de vapor, comprando, a la vez que estiraba el dinero de una manera sorprendente, cocinando y un etcétera.

Anita falleció con ochenta y cinco años y Pablo su esposo se sintió como un niño pequeño, perdido, confuso y sin capacidad para asimilar semejante vicisitud. Nunca hubiera podido imaginar que la amaba tanto. Con su pérdida se despertaron en él unos sentimientos de amor y reconocimiento que lo llenaron de un gran desconsuelo. Comprendió que “Ella” había sido todo en su vida, amante, amiga y madre de él y de sus hijos. Estos, como era normal, por más que se esforzaron no pudieron llenar el vacio que había dejado su madre.

Las noches para Pablo, se convirtieron en interminables, agudizándose un miedo comprensible hacia la enfermedad y la muerte.

A nivel material, no pudo entender ni admitir aquel descuento en su pensión de hombre recién enviudado, y esto le hizo sentirse castigado en medio de tanto dolor.

No deseó nunca ser una carga para sus hijos y le constaba que con semejante disgusto, el bajón físico y psíquico sería garrafal. Admitió la necesidad de tener que recurrir a la ayuda de una persona para que le atendiera, significando esto un gasto importante.

Pablo pensó, que de todas las formas su Anita era insustituible e intuyó que poco iba a vivir, diciéndose para sí mismo…¡que se vaya todo al cuerno!.

Todos los días se acercaba a llorar al pié del nicho de su querida Ana. En una de estas visitas, cogió un enfriamiento que se convirtió en neumonía, falleciendo al poco tiempo de que lo hiciera su esposa.

REFLEXIÓN DE LA AUTORA: ¡Por favor! amemos a nuestros mayores, con palabras cariñosas, obras significativas y consecuentes, para que los últimos años de la vida sean más llevaderos y de esta forma poder dulcificar una etapa muy delicada del ser humano.
Relato publicado en la Revista COAPEMA “LOS MAYORES DE ARAGON”. Junio 2015. Número 82.  (Gobierno de Aragón).

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UNA MANO TENDIDA

IRENE FRANCISCA BAÑOS GÓMEZ
Miembro Asociación Aragonesa de Escritores.
Zaragoza, 28 de Junio del 2015.

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UNA MANO TENDIDA

Desde muy pequeñita,
frecuentemente un recuerdo
a mi memoria acudía.

Aún hoy día, sigue presente
como si el tiempo
no hubiera pasado.

Me encuentro en un lugar obscuro,
y a mi izquierda puedo ver
que algo sangriento me contiene.

Una fuerza extraña empuja
mi cuerpo,
obligando a mi cabeza
a pasar por un angosto túnel.

Cada vez que esto se produce,
el espacio se estrecha más
y me repele.

La presión ejercida sobre mi cabeza,
es angustiosa
y varias veces se repite.

Se oyen gemidos,
alguien conmigo sufre.

Por fin,
al final del asfixiante reducto,
veo una luz
y una mano tendida.

¡La misma fuerza anterior!
se presenta implacable
al expulsarme al exterior,
sintiendo que todo se acabó.

Con los años, he entendido
que este recuerdo pertenece,
al día de mi nacimiento.

Mi conciencia era
y es,
la misma de ahora.

Sin nombre,
sin años,
sin identidad.

Era, y soy yo,
una hija de Dios.

Una colaboración de la Autora en
Radio Ebro.
“Estudio Abierto Tertulia Senior”.
Martes, 30 de Junio del 2015.